Por: Juan Paredes Castro |
La CGTP corre el riesgo de perder las últimas reservas de confianza de sus agremiados, de la misma manera en que algunos partidos políticos han perdido la de sus electores y militantes.
Mal que le pese, este es el espejo dramático en el que debe mirarse la que pretende ser la mayor organización gremial del país.
En lugar de ganar en independencia y, por consiguiente, en capacidad negociadora frente al poder, desciende paulatinamente a la adopción de posturas sectarias, quizá por la inercia de su vieja relación con el fenecido Partido Comunista de la otrora Unión Soviética.
Quien quiera medir el costo-beneficio de su razón de ser entenderá que la posición política radical de la CGTP ha cerrado en los últimos tiempos los más importantes espacios de construcción de una mesa de diálogo con el Gobierno, del mismo modo como el Gobierno ha hecho lo propio respecto del mismo fracaso.
Seguramente sus agremiados demandan de la CGTP una actitud cualitativamente distinta de la meramente clientelista, es decir, que de veras les abra las puertas del empleo formal y las ventajas de una remuneración más justa, sin tener que pasar por una militancia partidaria ni un compromiso de votación a la vuelta de la esquina.
Esto no tiene nada que ver con la lucha sindical de palos y barrotes que a la CGTP le gusta montar en las calles cada cierto tiempo. Tampoco con el oportunismo político sensacionalista que busca colocar en el debate público esforzadas figuras como la de la revocatoria presidencial, que no tiene pies ni cabeza.
Una cosa es, pues, creer en la CGTP como una real institución defensora de los derechos de sus agremiados y de lo que ella suele llamar los "derechos laborales del país". Otra muy distinta es servirse de las ventajas estrictamente materiales de su intermediación, en medio de la absoluta desconfianza en sus dirigentes, que es lo que podría estar ocurriendo actualmente.
La CGTP pasa por un proceso de abierto copamiento de Patria Roja, del que ya nadie puede dudar. ¿Estarán de acuerdo sus agremiados con la directa injerencia de este partido en el pensamiento y las decisiones de la CGTP? ¿Hasta qué punto la CGTP acaba siendo Patria Roja o Patria Roja acaba siendo la CGTP?
¿Qué ha hecho o pensado hacer la CGTP respecto de la necesidad de practicar un deslinde claro y urgente en torno a su participación en debates mediáticos y manifestaciones de protesta cuyo doble discurso, el gremial radical y el partidario ideológico, sigue confundiendo a la opinión pública?