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Catacumbas de San Francisco: Desde lo profundo de la tierra

10:41 | La iglesia de San Francisco, en pleno corazón de la ciudad, guarda en sus recovecos las criptas más famosas de Lima

Por Jimena Villavicencio

La Ciudad de los Reyes es, sin duda alguna, una majestuosa caja de sorpresas. Cada distrito posee lugares que merecen la mirada de ansiosos turistas y también de nosotros mismos. Sin embargo, no hay nada como el centro de la ciudad para dejar boquiabiertos a grandes y pequeños. Es aquí donde las historias, las personas y las construcciones se conjugan para convertirse en el principal polo de atracción de nuestra gris capital.

Con aire romano
Unas de las representaciones más importantes son las llamadas criptas de San Francisco, más conocidas como catacumbas por su similitud con las encontradas en la imperial Roma. Para llegar solo es necesario ubicarse a dos cuadras de distancia de la Plaza de Armas. Ahí, una construcción de color amarillo con una plazoleta rodeada de un sinnúmero de palomas le robará la mirada.

Sin embargo, no todos podrían imaginarse que, debajo de ella, un laberíntico cementerio lleno de bóvedas subterráneas guarda aún un olor extraño y bastante húmedo que hace darnos cuenta, en la medida que uno se va internando, que muchas personas yacen enterradas bajo nuestros pies.

Sus inicios
Francisco Pizarro hizo entrega a la orden franciscana de un solar, el cual en un principio no era más que una pequeña ramada. Fue gracias a fray Francisco de la Cruz que la idea de una capilla se fue haciendo realidad y, hoy por hoy, este templo lleva nada menos que el título de Basílica Menor, título concedido por el papa Juan XXIII en 1963.

Como se sabe, la Lima de los siglos XVI y XVII era una ciudad pequeña, cuadrada, elegante y fácil de recorrer. Sin embargo, era una Lima sin lugar donde enterrar a sus muertos. Por dicha razón las iglesias se vieron en la necesidad de implementar su infraestructura y construir recovecos subterráneos para darle un descanso final a las personas.

Todos, ya sean plebeyos o acomodados, podían encontrar un lugar en estas tierras y, sobre todo, lo querían. "¿Qué mejor que descansar para siempre debajo del templo de Dios?", dice fray Ernesto Chambi, orgulloso encargado de la iglesia y familia también del famoso fotógrafo Martín Chambi.

Cuando uno realiza el extenso recorrido se transporta a otro tiempo. Los techos abovedados o planos, unidos por pasajes y arcos de medio punto, sorprenden y le dan un aire mágico. Construidas con ladrillo, cal y canto en el piso de este, ya de por sí subsuelo, se encuentran sepulcros rectangulares donde los féretros eran colocados unos sobre otros, separados por tierra y cal viva, que era elemental para acelerar la descomposición de los cuerpos y también evitar principios de epidemias y malos olores.

Durante todo el recorrido los cráneos, fémures, tibias y peronés son algo usual. Pero, sin duda, son los osarios (fosas que en este caso tienen más de diez metros de profundidad) los que se llevan los mayores comentarios de asombro de los visitantes. Estos se encuentran llenos de huesos humanos y fueron hechos para absorber las ondas sísmicas. El área total de estas criptas aún sigue siendo una incógnita y se cree posible que exista una comunicación entre sus galerías y la cercana estación de Desamparados.

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